jueves, 14 de febrero de 2013

El mito de las espinacas

Los de mi generación y anteriores seguro que recordáis los dibujos de Popeye. ¡Menuda campaña para que los niños tomaran espinacas! Come espinacas y tendrás muy hierro, te pondrás así de fuerte... y encima no me gustaban las espinacas. 
Ahora me encantan y no hay que dejar de comerlas con cierta moderación pero vamos romper el mito. 

Las espinacas llegaron desde Persia gracias a los árabes en el siglo XI y los siglos siguientes se extendió su presencia al resto de Europa. 
Son ricas en proteinas, ácido fólico y vitaminas A y E. Más adelante ya hablaré del color de las verduras pero avanzo que ese verde potente implica gran cantidad de clorofila por lo que es antioxidante y muy potente contra el colesterol, los triglicéridos altos y contra el estreñimiento. 

Pero hierro... tienen menos que la mayoría de verduras de hoja verde oscura o que las semillas de sésamo. 
¡Más aún! La espinaca contiene ácido oxálico que impide la correcta absorción del hierro, del cual solo permite que se asimile el 5% del total. Debido a la presencia de ese ácido, tampoco hay que excederse en su consumo puesto que también inhibe la absorción de calcio, aunque dudo que mucha gente coma espinacas cada día. ¡Con la cantidad de verduras distintas que hay!

Y a lo anterior añadimos el error de transcripción. 
Sí, en un estudio de 1870, el doctor Von Wolf se equivocó al colocar una coma al anotar los resultados de un análisis y la cantidad de hierro quedó multiplicada por diez. Y así quedó para siempre. 
Por eso siempre digo que hay que releer de manera consciente lo que se escribe...

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